Si las puertas de la ciudad están cerradas, si no entuentro algún micrófono suburbano para manifestar mi disonancia, éxtasis, furia, camino en desamparo viendo los destrozos generados por la ignorancia.
Mientras el sol extiende una manta dorada sobre la vereda poceada,
reencuentro lo que se me ha escapado una y mil veces,
ahora, como versión nueva del antiguo sueño palpitante.
El sálvese quien pueda precipita la fuga, la deyección de proyectos, la frialdad cruel; salvar algún prestigio en medio de esta ciénaga.
El tiempo que vendrá será el de la reconstrucción de esta soledad de espacios que bajaron sus persianas, este corazón vapuleado por la incertidumbre,
poemas no leídos que quedaron naufragando en la intemperie.
Luego de oír tu voz inmensa en la multitud expectante, dolida y esperanzada, me detengo en la emoción y respiro.
Reencauzar la energía para salir del precipicio.
Victoria Artime
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